Un
poco de historia:
Los proyectos
nacen de un sueño, de una búsqueda, de un encuentro entre seres
idealistas, algo testarudos pero responsables,
voluntariosos, con energía y deseos de aportar algo – desde sus conocimientos y
talentos – para una sociedad mejor.
Más de diez años atrás conté mi sueño a algunas
personas pero la propuesta no prosperó y quedó solo en charlas de café con
sabor a espera. Pero el proyecto seguía allí, rumiando en mi cabeza. Entonces
compartí largas charlas con Ma. Luisa Dellatorre en quien encontré no sólo el
apoyo necesario e incondicional para darle forma a un ideal sino la calidez
humana, el deseo y la experticia
profesional para pasar a la acción. Entonces, aunamos esfuerzos y un poco de
incordura para hacerlo realidad junto a otros increíbles y entusiastas
profesionales de la educación que creyeron que el proyecto valía la pena y aceptaron
el compromiso: Ma. Eugenia Herrero, Lía Comitini, Anamaría Arhancet, Clara
Corregidor, Patricia Martel y Roxana Zapana. Ocho pioneras que decidimos
nuclearnos, estudiar, investigar, formarnos para caminar escuelas, barrios,
plazas, y bibliotecas de diferentes contextos sociales para fomentar la lectura
literaria.

Diez años convencidos
de que leer literatura ensancha horizontes, abre los ojos, sensibiliza el
corazón, permite viajar y soñar, conocer mundos insospechados, encontrarse con
uno mismo y con el otro. Desde estas
convicciones, entre cafés en bares y casas, entre ideas borroneadas y
sugerencias, robando tiempo a otras obligaciones y familia logramos conformar
un espacio independiente – único en Salta – dedicado a la lectura y a la
promoción de la LIJ. El gran espaldarazo llegó de la mano de Carlos Silveyra, entonces
presidente de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (Alija),
quien con sentido federal apoyó y orientó nuestra iniciativa.